EN CUERPO Y ALMA

Una reflexión sobre la Asunción de María y la esperanza de la resurrección.

LA GEOGRAFÍA DE LA FE

Parte 1 - Aquí el Verbo se hizo carne

Hay lugares que conocemos mucho antes de haber estado en ellos.

Nazaret, Belén, Cafarnaúm, el mar de Galilea. Sus nombres aparecen tantas veces en el Evangelio que pueden llegar a parecernos casi símbolos, escenarios de una historia sagrada que ocurrió hace mucho tiempo y muy lejos de nosotros.

Hasta que uno llega allí.

Entonces Nazaret tiene calles. Galilea tiene un horizonte. El lago tiene agua y viento. Belén está a una distancia concreta de Jerusalén.

Y algo cambia.

UNA PALABRA PEQUEÑA: "AQUÍ"

Nuestra peregrinación comenzó en Nazaret, en la Basílica de la Anunciación. Allí, durante una adoración nocturna, pudimos comenzar el viaje precisamente donde comenzó la gran historia de la Encarnación.

Una inscripción resume quizá mejor que ninguna otra lo que significa estar allí:

Verbum caro hic factum est.
"Aquí el Verbo se hizo carne".

La frase nos remite al comienzo del Evangelio de san Juan: "El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn 1,14). Pero en Nazaret contiene una palabra más: hic. Aquí.

El cristianismo no afirma únicamente que Dios se hizo hombre. Afirma que lo hizo en un momento de la historia, en un lugar concreto, dentro de una familia y a través del sí libre de una joven llamada María.

La Encarnación deja así de ser una idea abstracta. Aquí hubo una casa. Aquí vivió una familia. Aquí una mujer respondió: "Hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38).

Rezar el Ángelus en ese lugar devuelve a sus palabras toda su materialidad.

Dios entró en nuestra historia.

Y entró por aquí.

GALILEA: EL PAISAJE COTIDIANO DEL EVANGELIO

Desde Nazaret nos acercamos a Caná, donde el Evangelio de san Juan sitúa el primer signo de Jesús (cf. Jn 2,1-11).

Una boda, unos invitados, una familia que se queda sin vino.

No sucede en un templo ni ante una multitud que espera un milagro. Sucede en mitad de una celebración familiar.

Allí renovamos nuestras propias promesas matrimoniales, recordando que Dios entra también en las relaciones, en la mesa compartida y en la vida cotidiana.

Después llegó Galilea.

Pocos lugares permiten imaginar los Evangelios con tanta facilidad como su lago. Allí estuvieron los pescadores a los que Jesús llamó por su nombre. Allí hubo barcas y tempestades. Allí enseñó, curó, comió con sus discípulos y atravesó una y otra vez aquellas aguas.

En Cafarnaúm recordamos la casa de Pedro y la localidad que se convirtió en uno de los centros de la vida pública de Jesús. En Tabgha, la multiplicación de los panes y los peces y aquel diálogo después de la Resurrección en el que Cristo pregunta a Pedro:

"¿Me amas?" (Jn 21,15-17). La pregunta se hizo a orillas de ese lago. Pero no quedó allí.

Dos mil años después continúa dirigida a cada cristiano.

En Magdala recordamos a María Magdalena, que permaneció junto a Cristo y fue una de las primeras testigos de la Resurrección. En el Monte de las Bienaventuranzas, palabras tantas veces escuchadas adquirieron otro peso al ser pronunciadas en el mismo paisaje que las vio nacer: "Bienaventurados los misericordiosos... los que trabajan por la paz..." (cf. Mt 5,3-10).

Y desde el Tabor, lugar vinculado a la Transfiguración (cf. Mt 17,1-8), volvimos a mirar hacia Jerusalén.Antes de la Cruz hubo también luz.

BELÉN: DIOS NACE ENTRE NOSOTROS

El camino hacia Belén nos llevó primero hasta Ein Karem, lugar vinculado a la Visitación de María a su prima Isabel y al nacimiento de san Juan Bautista. Para nosotros tuvo además algo de encuentro familiar: llegar, como tricantinos, al lugar vinculado al nacimiento de nuestro santo patrón. Allí, el Magnificat vuelve a sonar como lo que fue originalmente: la oración de una mujer que reconoce con asombro lo que Dios está haciendo en su vida (cf. Lc 1,46-55).

Después, en Beit Sahour, el Campo de los Pastores nos situó ante otra escena profundamente concreta.

Una noche. Unos hombres trabajando. Y un anuncio :"Hoy os ha nacido un Salvador" (Lc 2,11).

Finalmente llegamos a Belén.

La Basílica de la Natividad recuerda una de las paradojas centrales del cristianismo: el Dios infinito quiso nacer como un niño. No eligió un palacio.

Jesús nació en la humildad de una familia pobre y fueron unos pastores los primeros en recibir el anuncio de su nacimiento (cf. CEC 525). Dios se puso en manos de los hombres.

La Encarnación significa precisamente eso. Dios no contempló nuestra humanidad desde fuera. La asumió. Tuvo una madre. Tuvo una casa. Conoció el cansancio, el hambre, la amistad, la alegría y el dolor.

Por eso peregrinar a los lugares de su infancia y de su vida pública no consiste solamente en conocer los escenarios del Evangelio.

Consiste en descubrir hasta qué punto nuestra fe está arraigada en la realidad.Todo comenzó con una afirmación extraordinariamente concreta:

Aquí, Dios se hizo hombre.

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Desde el 6 de octubre, rezaremos una novena a Santa Teresa de Jesús y oraremos por todas las intenciones de la parroquia.

El 17 de octubre, a las 17hrs, visitaremos el convento de Convento de Santa Ana y San José

El 18 de octubre, a las 16hrs, tendrá lugar en la parroquia un torneo de mus. Inscríbete a ti y tu pareja. Para participar, deberás abonar 1 euro en metálico el día del torneo.

También podrás participar, ese mismo domingo, en un torneo de futbolín humano. Inscríbete y nosotros haremos los equipos.

Además...

Puedes acercarte al despacho parroquial y comprar tu entrada para ir al cine y ver Sagrado Corazón con nosotros el martes 13 de octubre as las 20:30 hrs.

O, puedes comprar un ticket para una ración de paella el día 18 de octubre. El domingo 18 también habrá actividades para toda la familia.

Y el miércoles 14, después de misa de 20h, habrá una charla y exploraremos la fe extraordinario de un joven normal.

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